viernes, 20 de febrero de 2009

Un mexicano en la mira: Pedro Valtierra.

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Pedro Valtierra nació en 1955 en San Luis de Abrego, Zacatecas. Sus inicios como fotógrafo sucedió 1974, en el departamento de fotografía de la Presidencia de la República. Tiempo después ingresó a El Sol de México, como fotógrafo, en 1977, y un año después pasó al diario unomásuno, esto le valió múltiples reconocimientos ya que se convirtió en un fotoperiodista muy reconocido, los premios que destacan son: el Premio Nacional de Periodismo(1983)el Premio de Adquisición en la Primera y Segunda Bienal de Fotografía del INBA (1980 y 1984), el Premio Nacional de Periodismo (1983) y la Medalla de Plata de la Organización Internacional de Periodistas (1986).


En 1984 participa en la creación de la agencia Imagen Latina y es fundador del diario La Jornada, del cual es actualmente coordinador y editor de fotografía. También funda y dirige la agencia y la revista Cuartoscuro. Fue presidente de la Sociedad de Autores de Obras Fotográficas (1988-1991) y fue director de la revista Mira (1990). "Fotógrafo de la década 1975-1985", según la revista Fotozoom, ha participado en más de 200 exposiciones colectivas e individuales en México y ha expuesto su obra en Canadá, Estados Unidos, Cuba, España, Francia, Italia, Alemania, Bélgica, Venezuela, Ecuador, Guatemala, Costa Rica, Suecia y Londres. Es autor del libro Nicargua, una noche afuera (1992, Cuartoscuro). En 1998 ganó el Premio Rey de España a la mejor imagen noticiosa internacional del año, en concurso convocado por la agencia española EFE y el Instituto de Cooperación Iberoamericana. Desde 1999 tiene una exposición permanente en la sala "Pedro Valtierra" del museo "El Agora José González Echeverría", en Fresnillo, Zacatecas.
Actualmente expone en el metro Pino Suárez, parte de su obra hace referencia a conflictos armados en Nicaruaga y el famoso EZLN en el edo. de Chiapas.






jueves, 12 de febrero de 2009

Los 5inco...

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viernes, 6 de febrero de 2009

“Mi caos visual tiene nombre: David LaChapelle”

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La exposición del aclamado fotógrafo David LaChapelle, no sólo a cumplido también ha rebasado y por mucho mis expectativas. A pesar de que la llegada al museo es un poco caótica, puesto que el centro de la ciudad no es precisamente, la zona más ordenada, de esta urbe.
Sin duda alguna el revisar el trabajo de David, por la red no se le compara en ningún momento cuando ya se está frente a sus fotografías.
Al comenzar el recorrido, localizas un escrito, el cual explica la intencionalidad del artista, al igual que su mordacidad para realizar cada toma. En esta sala podemos apreciar fotos tomadas en el 2003, de Angelina Jolie, Drew Barrymore, Madonna, Naomi Campbell, Leonardo DiCaprio y Uma Thurman. El pasillo que conecta a la siguiente sala, nos muestra las catástrofes en las que estamos inmersos en la actualidad, aun en la comodidad de tu cuarto, el mundo afuera es un caos, y tal pareciera una escena de bombardeo a consecuencia de una guerra, que en nuestro tiempo ya no tiene que ver con armas y soldados, sino más bien considero que LaChapelle hace metáforas en cada fotografía, sobre la opulencia e intencionalidad de los medios hacia el consumismo.
Y la crítica apenas comenzaba, la siguiente sala nos mostraba un Jesús contemporáneo con niños alrededor, y de lado contrario, realizando un contraste, la guerra que enfrenta actualmente los Estados Unidos en medio oriente. David ha hecho de la guerra un show, y es tal como se le ha visto, frente a esta “puesta en escena”, tenemos a Jonathan Rhys Meyers secuestrado y atado por muchísimas mujeres musulmanas. Cabe destacar que en muchas de sus fotografías los desnudos son más que un elemento de morbo, el significado de la desnudez retoma la vulnerabilidad de cada ser humano, y lo que ella implica. Al final del día tenemos dos brazos, ojos, piernas, manos, pies, una boca, nariz, cabeza, todo aquello que en su conjunto nos forma y que cada uno de nosotros poseemos en distintas proporciones, y la diferencia, banalmente hablando claro está, es lo que poseemos.
Acto seguido, choque de diversos autos lujosos y costosos, no son nada más que fierro retorcido e inservible, en pocas palabras basura, esto nos enseña que tarde o temprano la destrucción, no discrimina y mucho menos perdona condición social, raza o género, tarde o temprano nos sucederá.
Lo que más llama la atención de su obra, y es quizás porque retoma la religión no importando el Dios que ella venere, la forma satírica y comedia que hace de ella.
Nosotros los espectadores comenzamos a comprender que también las convicciones de credo, se han vuelto un producto. Debo decir que David LaChapelle tiene muchísima capacidad de abstracción para lograr transformar: obras como “La piedad”, escenas de la capilla Sixtina, personajes bíblicos y hasta el mismo Jesús, en cosas cotidianas y totalmente mundanas, incluso sórdidas, refleja los excesos del dinero, el sexo, las drogas y rock’n’ roll, agregaría que el mismo hedonismo del hombre llevado a su destino final, “La Autodestrucción”.
Lo que resalto del recorrido, es un video proyectado en una de las salas, cuyo tema es el detrás de cámaras, para realizar una fotografía, en la cual se requiere artistas más que personas.
Detrás de la obra del gran David LaChapelle existe un gran ingenio, capacidad de transformar “la crítica” en imagen, hasta si se quiere una invitación a la introspección de nuestra propia vida y la contribución de la misma a este mundo de excesos y caos. Concluyo simplemente diciendo que lo que se ve, no se pregunta, sólo se retrata.